“Trato de escribir de los temas que avergüenzan a esta sociedad” Daniel Ferreira

La literatura lo ayudó a sobrevivir al aburrimiento cultural y la monotonía que impone un pueblo, pero que al tiempo marcó su vida y hoy le permite narrar algunas de las historias en los libros que ha publicado hasta el momento. Este año, Daniel logró publicar su tercer libro en el país.

“Trato de escribir de los temas que avergüenzan a esta sociedad”

Su vida ha estado mediada y atravesada por el conflicto armado colombiano. Nació a principios de los 80 en San Vicente de Chucurí, uno de los municipios que vio surgir a la guerrilla. También vivió todas las manifestaciones de violencia que han dejado diversos grupos al margen de la ley.

Daniel Ferreira, quien se fue a los 20 años de su tierra para estudiar lingüística en la Universidad Nacional y transformar los diarios en los que anotaba su día a día en novelas cargadas de verdad, hoy está sorprendido de poder, por primera vez y en su tercer libro, que su país, que Santander, conozcan su pluma, sin duda impecable y que narra a mil sus recuerdos a través de la ficción.

Ferreira espera poder escribir algún día de otros temas distintos al conflicto, pero por ahora tiene dos novelas pendientes para concluir su ‘Pentalogía de Colombia’, un proyecto personal sobre su violento país del siglo XX.

ferreira

Preguntas y respuestas

* ¿Qué tanto en usted se cumple que no se es profeta en su tierra? Ya ha escrito tres novelas pero solo hasta después de ganarse el premio Clarín de Novela el año pasado es que se publica uno de sus libros en el país.

Pues yo creo que lo que a mí me ha pasado ha sido por casualidades. El hecho de que los libros no se publicaran en Colombia no era una conjura de que no era profeta en la tierra sino que por todo el sistema que hay de la publicación, yo sentía que aquí había ciertas limitaciones. Muy pocos editores conocían manuscritos de mi primera o segunda novela.

Como en nuestra época está instalado el sistema de los premios, yo decidí enviar mis novelas a concursar a otros países en donde había más espacios porque en Colombia lastimosamente no tenía los suficientes estímulos para pensar que podía aspirar a alguno… Así es que envié mi primera novela a México y mi segunda a Cuba…

Esta primera novela que abrió las puertas de la edición en México me hizo ganar el premio y que se publicara… pero muy pocas personas conocían acá mis textos: un par de amigos y de editores de los que nunca tuve respuesta.

* Daniel, sin duda sus novelas son un reflejo de la historia que le tocó vivir durante los años 80 y 90 en San Vicente de Chucurí y de la investigación que ha venido haciendo también sobre el conflicto armado en el país.

No sé si le pasa a todos los escritores, pero para mí la infancia y adolescencia son como un microcosmos de donde han partido todas las historias que he escrito hasta ahora… Y a futuro me imagino que los viajes me abrirán las puertas para vivir otras narraciones, pero esas épocas de mi vida coinciden con confrotaciones sociales que se estaban viviendo en todo el país, pero yo vivía en San Vicente, en donde a lo largo de la historia la riqueza de su territorio ha creado unos conflictos territoriales muy específicos.

Cuando yo era niño era la guerra del Eln contra el Estado… mis recuerdos estaban mediados por toda esa historia porque uno de niño es una esponja absorbiendo todo esto. Por supuesto, algo tan fuerte como la violencia, ver las pintadas de las paredes, los asesinatos, los atentados

… Cuando era adolescente la guerra cambió, la dinámica, nuevos actores. La guerra paramilitar transformó también a la región, transformó el miedo que es una forma de control social. Esta guerra selectiva en la que iban asesinando personas noche tras noche, que se señalaban como milicianos. Personas que aparecían muertas en la calle de uno, en la calle adyacente; personas que uno sabía que se tenían que ir con sus familias…

Entonces toda esa historia me sigue, me siguen sus recuerdos y los relatos que se van completando cada vez que uno se sienta a discutir en la mesa…

* ¿Qué tan directo le tocó a usted o su familia esta violencia?

No, mi familia no es víctima directa del conflicto armado. Hay una experiencia personal de la cual a mí no me gusta hablar porque no creo que sea pertinente. Se trató de una señora que mataron que era como una madre para mí, pero pues es un crimen más en un inventario de muertos. Pero a mí me cuesta hablar de este tema. Si yo fuera víctima directa del conflicto armado creo que no podría escribir sino que tendría que reclamar justicia, tendría que estar en otro escenario.

* ¿De alguna manera cree que hace justicia al recordar ese inventario de muertos que dejó el conflicto en Colombia y los vuelve cercanos a través de sus relatos?

No, yo no lo diría así. Yo creo que la literatura no es un instrumento de la política ni es un escenario para la justicia, esta tiene sus escenarios. La literatura trata de entender la vida, de reinventarse una realidad. Está atravesada por todo lo que influye a las personas que la hacemos, influenciada por la realidad. Pero digamos que la violencia no es un tema literario sino que está inserta en nuestra vida republicana, en la historia de Colombia, en la cotidianidad, en la vida doméstica, en todos los espacios.

Yo trato de escribir de los temas que avergüenzan a esta sociedad.

* Durante toda esta época que vivió por 20 años en San Vicente, ¿en qué momento comienza su pasión por la literatura? ¿Cuándo descubre la escritura?

Cuando estaba allá yo llevaba unos diarios y en ellos anotaba una minuta de todo lo que estaba pasando. Era una información que yo guardaba en cuadernos y que con los años se convirtieron en la hoja de ruta, porque a la par que iba contando mis andanzas, amoríos, mis estados de ánimo, el pesimismo como mi cualidad constante, iba contando, hoy mataron a fulano de tal que era amigo de mi mamá… ese ambiente lo iba narrando. Pero yo no hacía ficción. Cuando empiezo a hacer ficción esas historias comienzan a mezclarse, pero eso pasó mucho tiempo después… Pero todas esas pequeñas coordenadas que iban al diario fueron mi punto de partida para imaginar personajes años después en Bogotá.

* Pero tengo entendido que su acercamiento a la literatura se dio en la única biblioteca que tenía San Vicente.

…Estas bibliotecas estaban surtidas por una cantidad de autores muy buenos como Sartre,Hemingway y la plana mayor de los autores del boom que era como el camino inicial. Vargas Llosa, García Márquez, Cortázar, pues es una apertura enorme para quien esté buscando un camino literario…

Pero sobre todo un grupo de amigos con los que compartíamos la pasión. Creo que fue más fundamental eso… tener la posibilidad de compartir una pasión irrefrenable como esa…

Eso fue muy importante y los libros eran pretextos para compartir la vida, para resistir también la pobreza cultural de esos ambientes de provincia que son asfixiantes.

* A los 20 años, cuando decide irse de su pueblo, ¿para dónde se fue y a qué?

Me fui para Bogotá a estudiar lingüística en la Universidad Nacional. Al comienzo me costó descubrir la ciudad y adaptarme. Pero con los años se fue convirtiendo en mi espacio. Es mi ciudad. Entonces no sé si es un desarraigo…

Yo he escrito también crónicas culturales y de libros que amo en algunos medios. También soy editor de una revista digital pero no hago noticia ni trabajo para un medio como tal de periodista y tampoco es que me interese mucho.

* Hablemos de su última y tercer novela, ‘La rebelión de los oficios inútiles’, con la que logró en 2014 ganar el premio Clarín de Novela en Argentina.

Rebelión es un poco más riesgosa que mis otras dos novelas porque están más ambientadas en eso que te conté de mi infancia y adolescencia… Pero Rebelión va en una época que yo no había nacido, los años 70, una época en la que me empecé a interesar en una lectura de varios periódicos y revistas de entonces.

Comencé a estudiar los archivos del horror de Colombia en esa época y a pensar cuáles habían sido las circunstancias que habían marcado el país: una era el movimiento armado y la otra era el de campesinos y tierras que trataron de hacer una contrarreforma como una respuesta a la reforma que había hecho el presidente de la época y comienzan a tomar territorios y por supuesto hubo una reacción del estado… Así se vivió una guerra que rebasó todos los límites en donde la tortura y la desaparición forzada se volvieron la constante…

Pero esta no es una novela histórica sino de ficción…

Ese premio ha ido haciendo que mi trabajo se conozca. Este libro hace parte de un trabajo que se llama Pentalogía de Colombia, que son cinco novelas del siglo XX de nuestro país.

* ¿Entonces sin duda este premio le ayudó a darse a conocer más dentro del país?

Pues a través de ese premio la editorial Alfaguara optó por hacer una edición de Rebelión de los oficios inútiles, que es mi primer libro publicado en el país y ya se agotó y creo que lo van a volver a imprimir. Entonces sí ha habido una cierta acogida.

* Y bueno, ¿cómo se siente después de esto?

Yo estoy sorprendido. Parodio mis propios textos y digo que son ‘novelitas agrarias’, pero por supuesto he tratado de aplicar lo que he aprendido de la literatura y de mis autores y de apicarle temas de narración que han estado presentes a lo largo de toda nuestra historia…

* ¿Qué le queda aún en Santander, además claro de todos estos recuerdos que lo llevan a escribir?

Yo voy muy poco. Santander es mi madre; es mi paisaje; es mi lenguaje; es mi infancia.
Detesto por supuesto todo ese machismo interiorizado en el lenguaje. Detesto que no haya fórmulas de cortesía para nada…
Pero yo sigo ahí sin estar, pero creo que mientras esté lejos es más significativo para mí…

Publicada porPAOLA PATIÑO / Vanguardia Liberal

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